viernes, 19 de marzo de 2010

Que costumbre tan salvaje....

Un día como hoy de hace varios años, una vez más murió una persona que fue paciente del centro donde trabajo, si me perdonan el sarcasmo, eso es bastante común y normal por aqui. Como saben, trabajo en un centro oncológico.

Pero en especial este señor, fue tratado aquí antes de que yo comenzara a trabajar en este lugar, fue paciente de mi jefe. Ahora, años después, todos los días cuando llego al trabajo veo un letrero a la entrada donde con letras doradas está grabado unas letras que el escribió. En el closet de mi ofina hay guardados algunos libros dedicados con su puño y letra. Mi jefe me cuenta como siempre traía en la boca un cigarro apagado, para quitarse "el ansia"...

Me hubiera encantado poder hablar con él, como he hablado con tantas personas especiales, que tuve el placer de conocerlas, aunque sea por un tiempo.

Dejo unas líneas que escribió, acerca, justamente... de la muerte. (en mi cabeza puedo escuchar su voz ronca y rasposa diciendo con su excelente entonación estas palabras...)


¡Que costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos! ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la faz de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonado, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

Jaime Sabines.

En sus propias palabras, uno de mis favoritos y además que me queda como anillo al dedo ;)


2 comentarios:

Garganta Ardiente dijo...

Interesante!
Realmente trabajar en un centro oncológico debe ser una experiencia muy dura... pero donde la existencia toma matices que pocas veces podemos explorar!
Espero que sigas mejor de todo!
Un abrazote! Pura Vida!

Omar Franco Pérez dijo...

Hola.

Gracias por todos los comentarios en mi blog.

A mi también me hubiese gustado conocer a Jaime. Uno de mis favoritos, sin lugar a dudas.

Sabes? Prometo ir a ese concierto en el CNA si me dices por qué tu no puedes ir...(responde en mi blog)...vale??

Un gran abrazo!