jueves, 22 de abril de 2010

Pedazos

Hacemos cosas, hablamos, nos reímos, nos desesperamos con el tráfico, tarareamos canciones llenas de palabras sin sentido. Luego están ellos... que después de hacer lo que hacen, duermen como angelitos, con un par de zapatos nuevos al lado de la cama y al otro día se meten a bañar, se perfuman, se maquillan, se disfrazan de sonrisas y cumplidos y así, poco a poco se parecen más a lo que no son.

Pero en algún momento a todos nos espera la caida al suelo como un castillo de naipes. Narrar incansables veces lo que hicimos, lo que fuimos (si se acompaña de un album con fotos mejor) es apenas una manera de rellenar los huecos inevitables. Solo es evidenciar que estamos presos, atrapados, manipulados por lo que los demás nos dictan que seamos, en la tele, en el trabajo, en una cena, frente a los tios, en la escuela. Llenos de decretos implicitos que nos recuerdan que si no actuamos de alguna manera, el apocalipsis nos espera. Entonces, nos enfermamos, nos convertimos en zombies ejecutores. Y solo de vez en cuando, nos damos chance de disfrutar aunque sea por sólo unos minutos (o segundos) una carcajada, un beso, una imagen linda, un sabor rico, un abrazo, estirar los deditos de los pies y decir...aaah!.

Inmersos en nuestro propio mundo, nos topamos con señoras, con ladrones, con ingenieros, con enfermos, con artistas plásticas, con egoistas, con médicos, con abogados, con periodistas, con sádicos, con nostálgicos, con periodistas, con depresivos, con fresas, con manipuladores, con diseñadores, con el principe azul, con locutores, con envidiosos, con obsesivos, con muertos, con los pederastas, con empresarios, con las histericas, con vivos, pero sobre todo... con fotos y letras que vemos a través de una computadora.

A mi me pasa que las hojas del calendario se desprenden y me detengo a buscar dentro de la bolsa, donde dejé una pluma y me topo con un brillo de labios que tiene un olor a chocolate, que me recuerda a la señora que me lo regaló y que me preguntó si a mi y a mi novio nos gustaba el chocolate -porque era un brillo de labios para besos muy especiales- y entonces pienso que si el brillo de labios estuviera donde la pluma, que está sobre el escritorio donde está un libro que trata de la biografía de un personaje histórico, el cual me encantaría leer desde hace unos meses, pero que no he podido, porque no tengo reloj y recuerdo que me encantaría tener uno que pudiera detener, retrasar y adelantar a conveniencia. Y es en este punto donde olvido que estaba buscando la pluma y me entra una nostalgia terrible y corro a mirarme al espejo y lo que veo ahí son unos ojos que no reconozco.

5 comentarios:

Flaco dijo...

Querida Refachadona, me sumergí, y fluí por todo tu texto.
A veces hay que darle una sacudida a las personas para que dejen de perder tiempo y vivan la vida, confieso soy un hipócrita, pero quizás uno que no pierde tanto tiempo como las demás personas

Janus dijo...

Nostalgia... maldita nostalgia que no deja dormir. Tiempo... estúpido tiempo que no se detiene y se lleva todo eso que nos dejaba dormir.

Refachadona dijo...

Flaco: no creo que seas hipócrita Flaco ;). Saludos


Janus: el viernes me acordé de ti, re-ví 8 1/2 de Fellini y al comenzar los créditos decía: Janus y la foto de tu perfil ;).

RЄĐ dijo...

No somos nada, solo somos momentos.
Algunos preferimos ser los nuevos momentos. Otros prefieren ser los momentos viejos.
Y debo confesar, que a mi, a veces, me gustan hasta los ajenos.

mar dijo...

fue como irse congelando la columna mientras se termina. me gusto la sensacion de hundirse con una sonrisa.